Verano, fantasmas y sims



Hola, hola tú. Se te echaba de menos. Es como si siempre hubieses existido. Como si tu estruendo nunca se hubiese ido. El tiempo y el espacio no se te aplican, siendo un cactus. No quiero llenarte el buzón de cosas que no necesitas o que puedes no querer. Mejor no enviarte estas cosas. Sigo escribiendo. Obviamente. Porque es verano. 
Los veranos son especiales porque no hay silencio y sin embargo nada se mueve realmente. Vamos a sitios, conocemos, exploramos, vivimos. Pero no nos movemos demasiado. Nos vamos de las vidas que habitamos. De las sábanas usadas y los colchones con nuestra forma. 
Acabo de ver cómo un fantasma desaparecía y sólo dejaba su sábana. "Es una caricia" me ha dicho una bruja gallega. Conozco gente muy extraña. Tengo la pantalla supersucia. Escucho a un escritor de canciones, ha puesto su música a una serie que aun no existe que me muero por ver. Aunque es de terror y de animación. Por qué me gustan tantas cosas raras, disonantes, extrañas, cosas que han salido a la calle y no tienen hogar. Se sustentan como gatos callejeros. Quizá es por la misma razón por la que alimento a los gatos callejeros.
Ya sé que no debería hacerlo. 

Quiero desaparecer. 

Pero solo lo quiero a veces. Cada año menos. Cada año habito más mi cuerpo. Cada año soy más real y menos sábana. Cada año soy más mis manos, con sus heridas, uñas partidas, dedo aplastado, padrastros y lunares. Resucitar en tu piel es un momento extraño. Ojalá poder mudarte o al menos salir de este cuerpo cuando te diera la gana. Casi siempre que me he acostado con alguien he tenido ese sentimiento, he querido, bueno, irme de allí. Lo contrario a habitar. Lo contrario a estar. Siento que estoy haciendo algo que no quiero hacer para nada. Luego me siento sucio y traumado. Pero lo justo. Pero quiero llorar si pienso en ello. Voy a llorar por escribir esto. ¡Pero si era bonito! ¡Pero si quisiste tú! Divago, eso es historia para otra carta. Seamos ordenados dentro de lo que podamos. No me pinches. No me digas. Tus flores deberían haber sido las mejores pero nunca te crecieron, no que yo supiera. Creciste muy extraña, cactus de mi salón. 
Se supone que soy una montaña. Pero acabé siendo las nubes que atraviesan las montañas que ves por tu ventana.

En verano juego al sims. He jugado todo el verano con fantasmas, sims muertos que se quedan. Se me murió de risa un sim. He jugado para resucitarlos, no tanto porque quisiera jugar. Me implico en lo virtual más que en lo mortal. Quizá porque lo virtual lo puedo apagar cuando quiera. Lo mortal te persigue como un fantasma del pasado, uno que no se olvida de ti, de quien eres, de lo que fuiste, de lo que hiciste. 
No quiero vengarse. 
Quizá te llama por el apodo que tenías en el instituto. Quizá te hacer volver a ser quien superaste ser. En presencia del pasado nos volvemos gilipollas. 
No me dejes notas en los tabiques de casa, cactus. Por favor te lo pido. Aún no sé de qué manera pero quiero quedarme en este mundo de noches largas y nubes grandes. Hay momentos violetas. Aunque muchas noches sean naranjas.
El bañador que llevo a la playa me saca unos quince años. Es más sabio que mis otros bañadores. Tiene bolsillos. 

Cuídate, dentro de tus posibilidades. Espero que no te hayan regado demasiado. Espero que no se hayan olvidado de hacerlo. Esperar es absurdo pero cuando uno espera sólo puede imaginar. 
Recuérdate. 
Y corre. 

–Una escultura estatuada en un boceto 🍁





Comentarios